En el abismo del cielo morado
donde estás viviendo sin aire
levantas las manos sobre las estrellas
y permite que el fuego ilumine su alma.
Un pincel divino, con las acuarelas del viento--
pinta un horizonte infinito para los ojos ciegos
un horizonte de hierba dorada y rosas plateadas
En el silencio tú oyes la campanada
en la inquietud tuya sigues el río angosto
por el bosque en que los pájaros
musitan de una existencia gris
en una lengua que tú ya no puedes comprender
tan retorcido como los vides de pena
El río es de las lágrimas de angustia
y su agua está amarga
y un poco -solamente un poco- salada.
Un día de estos realizarás tú
que la senda que estás caminando
no tiene un destino real
Pero todavía necesitas la mirada fijada
en el sol que sólo se alza durante la noche.

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